Triatlón Xterra Reino de Granada 2014

Cuando me inscribí en este triatlón Xterra Reino de Granada en el mes de julio no sabía realmente donde me metía. Imaginaba que sería algo exigente, sí, pero no con tanta densidad de Pros. Entonces no podía saber que sólo se inscribirían 85 triatletas y que sólo finalizarían 73, de los cuales 18 pertenecían directamente a la categoría Elite/PRO (“Pro” de profesional), y otros 20 encuadrados en otras categorías de grupos de edad, pero con cara y pinta de Pros. O sea, de esos que entrenan y compiten igual que los Pro. Que son seres de carne y hueso, como todo el mundo sabe. Pero sólo hasta que suena el pistoletazo de salida, momento en que se transforman, por metamorfosis, en máquinas de guerra perfectamente engrasadas. Pero bueno, no me arrepiento de haber participado, ni mucho menos, sino todo lo contrario. Porque ha sido toda una experiencia. Una experiencia dura pero gratificante; de esas que curten el pellejo y dan lustre al currículum vitae. 

Este Xterra me pareció una competición interesante desde que la vi publicada. Un triatlón en modalidad cross y de distancia Olímpica (1,5+38+11), si es que se le puede denominar así, puesto que no tiene nada que ver en duración con un triatlón olímpico con bicicleta de carretera. Una de esas pruebas en un entorno incomparable junto a la Alhambra, que además resultaba ser mi lugar de residencia, facilitando consiguientemente todo el tema de logística y viajes. Total, que me pareció un buen colofón a esta mi primera temporada de triatlón. Sería mi sexto triatlón del verano (tras los de Colomera, Sierra Nevada, Motril, Baza, y Arenas del Rey), aunque finalmente no pude participar en el inédito Triatlón Cross de Baza precisamente por problemas de transporte de última hora.

Foto de Global-Tempo

Foto de Global-Tempo

Foto de Global-Tempo

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El domingo 28 de septiembre se presentó un día atípico en lo climatológico. En lugar del tradicional “veranillo del membrillo”, o de veranillo de San Miguel, llovió durante el sábado y viernes anterior. Y las previsiones daban lluvia para el propio domingo. Ya es casualidad, pues llevaba en Granada casi cuatro meses sin llover una gota. Desde el memorable seis de junio, en que calló el diluvio universal mientras participábamos unos cuantos en el II Maratón BTT La Mamut Padul Bike. No me preocupaba el agua caída, que además lo había hecho de forma contenida, pues seguro que mejoraría el estado del las veredas, senderos y caminos por los habríamos de transitar, que de tanta sequía estaban muy rotos y sueltos en algunas zonas y con tomos de polvo de los que se cuentan por centímetros.

Foto de Global-Tempo

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Tras bajar del autobús que nos llevó desde el parking de la Alhambra hasta los boxes de la T1, situada en la presa del Embalse de Canales, el cuerpo no me pedía guerra, si no más cama calentita. Estaba destemplado y sentía frío, con una chaqueta wintex que llevaba puesta. De modo que lo que apetecía ere enfundarse rápidamente el neopreno. Ese neopreno recién adquirido y que sólo tenía dos puestas; las dos únicas veces que yo había nadado previamente con esos chismes. Con esas ganas de abrigarse, alguno se puso el neo antes de tiempo, antes de ser rotulado, y tuvo que desenfundarse.

Foto de Global-Tempo

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El agua estaba a buena temperatura, de modo que se hubiera podido nadar sin neopreno. Tras un pequeño calentamiento, nos hicieron salir del agua para tomar la salida del segmento nado desde la orilla. Un acceso al agua, por cierto, fangoso, donde se te hundía la pierna hasta la rodilla. Con lo reducido del grupo de participantes y la alta densidad de Pros, la salida fue fácil. Enseguida salieron disparados como cohetes y yo me quedé en mi sitio, a cola de pelotón. Como me suele pasar, tratando de acomodarme con las brazadas hasta la primera boya y luego ya poniendo ritmo de travesía, con algún que otro encuentro no agresivo con otros nadadores. Me sentí mejor a mitad de recorrido, viendo que no era el último. Tras la segunda boya mejoré el ritmo, adelantando a varios colegas no identificados. No me sentí mal en esta mi tercera vez con el neopreno, y salí del agua con un crono bueno para mí (28:48), con la ligera sensación de que la distancia era algo superior a los 1.500m oficiales. La posición también fue buena: 54 de 77 nadadores que tomaron la salida.

Foto by Edu

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Las transiciones las hice lentas, como ya es habitual (a ver si el próximo año deja de serlo). Entre la T1 y T2 invertí 10:47 valiosos minutos. Allí en la presa los amigos y compañeros Marco y Edu, que habían venido a animar a pesar del mal día que apuntaba, hacían fotos mientras me sugerían con sorna que no me entretuviese tanto.

Tras el inicio del segmento MTB en bajada por el camino interno de la presa, atravesando Pinos Genil y siguiendo el curso del río Genil, se afronta enseguida el primer y exigente repechón de la ruta: la subida por vereda hasta el Camino de los Neveros. Esta es entretenida y muy exigente en algunos tramos, de esas que en algún momento requieren del 100% de tu capacidad física para hacerlas subido encima de la mountain bike. Hice montado en la bici lo que yo podía hacer montado, poniendo pie a tierra en un par de puntos; inevitablemente en ese repechón con raíces a modo de escalones que un fiera que nos adelantó sí que tubo la capacidad de subir. Tras llegar al camino se vuelve a bajar al río por otra divertida vereda donde había fotógrafos estratégicamente ubicados.

Foto by Edu

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El río Genil hubo que cruzarlo por un vado en donde el agua engullía totalmente las ruedas de 29”. Para evitar mojar la cadena y perder la lubricación, crucé a pie con la bici en alto, de modo que el agua me llegaba a mitad de muslo. Llevaba el mono mojado del nado, ahora las botas también mojadas y estaban comenzando a caer las primeras gotas de lluvia. Ya pasaría así, mojado de arriba hasta abajo, toda la jornada. Allí volvían a estar con sus ánimos y sus fotos Marco y Edu, ahora acompañados por José Luis y Berna.

Foto by Edu

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Cruzando Cenes de la Vega me adelantó el último biker de los siete que tal cosa hicieron. Y al comienzo de la Cuesta de las Cabras yo adelanté a una chica, la última de los cuatro biker a los que recuperé posiciones. A partir de ahí haría ya en solitario casi todo el recorrido. Salvé bien la llamada Cuesta de las Cabras, que no es más que eso, un difícil camino de cabras técnico y exigente, dando de nuevo el 100% en algunos tramos, con parada para regar el campo antes de iniciar el descenso hasta el derruido Monasterio de Jesús del Valle, cuyo primer tramo se hizo por una vereda técnica que sale a derechas al principio del camino. Tras el avituallamiento del que no hice uso se inició la fuerte subida entre olivos hasta las inmediaciones del Fargue. Esta subida no es técnica, pero sí exige físicamente de nuevo.

La lluvia que va cayendo no molesta ni embarra el suelo, por suerte. Tras el cruce del camino por el que venimos con el que viene a su vez de la “cuesta de los garbanzos” y el opuesto que se dirige al Fargue, tomamos una vereda que se inicia entre olivos para enseguida internarse en el bosque. Una bonita vereda en falso llano que al final se precipita ganando pendiente por el barranco del Polvorín hasta finalizar en un arroyo, tras un tramo muy roto y con roderas en las que caben bici y ciclista juntos, que yo por supuesto hice apeado. Con este vídeo Xterra de la bajada al Polvorín se puede uno hacer a la idea. Allí hay gente de Protección Civil que, al igual que los muchos voluntarios repartidos por todos los cruces, no solo indican el desvío a tomar sino que también dan amables ánimos. Tras cruzar el arroyo se toma a izquierda un camino, por llamarlo de alguna manera, que serpentea entre olivos y que además de la fuerte pendiente está totalmente roto, lleno de grandes piedras y enormes cantos rodados, tanto sueltos como fijos. Ahí no me compensa el gran esfuerzo de intentar pedalear frente a la mínima ganancia de tiempo, así que hago buena parte del tramo a pie. Al llegar al área boscosa se coge a izquierda una entretenida vereda en falso llano que nos lleva directamente a un cortafuegos con fuerte pendiente y el firme totalmente suelto. Bajo con confianza, aunque extremando la cautela para no caer de la bici.

Al final del cortafuegos, para conectar con la carretera de la Abadía del Sacromonte, hay que salvar un escalón de unos dos metros a través de una rodera intransitable por la que es difícil arrastrar el culo con la bici a cuestas. Tras subir por la carretera de la Abadía, pasar junto a la subestación eléctrica del Fargue y bordear la instalación militar que hay en la cima del cerro, se inicia un descenso complicado por otro cortafuegos hasta la zona de cuevas del Sacromonte, ilustrado también en este vídeo Xterra. Llegados a ese punto, se serpentea por veredas en las que los no muy amables habitantes de las cuevas habían borrado todo rastro de sañalización. Pero allí estaba al pie del cañón Javi, de Mbikes, el organizador y responsable de la prueba, preocupándose porque la tropa no se perdiera en semejante laberinto de veredas. Por la llamada Calle Cuestecilla Arbórea del Sacromonte (que no es más que una estrecha vereda entre peligrosos plantones de higos chumbos que ofrecían sus espinas ) bajamos escalones para desembocar junto a la Fuente de la Amapola, en la Calle Vereda de Enmedio. Por las agostas e intrincadas callejuelas, pavimentadas con empedrado granadino, desciendo con cuidado hasta el Camino de Beas, ante la mirada sorprendida de algunos turistas.

Perfil TRI Xterra.2014_mtbTomando el sendero que remonta el río Darro se vuelve hacia Jesús del Valle, cruzando el río por los dos vados que hay en el camino, esta vez si, subido a lomos de la burra. Los pies no se habían secado, pero ahora vuelven a estar chorreando. Además, comienzan a llover de nuevo, ahora con grandes gotas en lo que va a ser ya una lluvia continua y copiosa. En ese momento me alegro enormemente de haber dejado atrás las calles del Sacromonte, cuyas piedras mojadas deben de ser un peligro criminal para los neumáticos de la bici. Se inicia la subida por la pista hasta el Llano de la Perdiz, donde están los boxes de la T2 y la meta, requiriendo de nuevo un gran esfuerzo en algunos tramos, para llegar a la T2 con las piernas calentitas.

Me satisface haber hecho menos de 3h con la BTT; entré con 2:46:08, en posición 62 de 74, para un recorrido de 38,6km. en el que van oscilando sin cesar el ritmo, la frecuencia cardíaca y la entrega de esfuerzos, y donde la recuperación se hace crucial. Ese creo yo que es el secreto de este circuito BTT: se van encadenando subidas no muy largas, pero en las que en algún momento hay que dar el 100% (no más, para poder llegar arriba sin sucumbir; ni menos, para no poner pie a tierra), mientras que en las zonas de transición hay que procurar recuperar la musculatura y reciclar mientras sigues avanzando lo máximo posible. Y así una y otra vez.

Foto by Edu

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Bajo la lluvia de la T2 me esperaban nuevamente los ánimos de Marco y Edu, y ahora también de Ismael y Gabi. Se agradece enormemente las voces amigas en esos momentos, máxime con la que ya estaba empezando a caer de agua. ¡Pobreticos! Había previsto calcetines nuevos en la T2, para ir confortablemente durante el trail running, pero finalmente nada más lejos de la realidad; con la que ya estaba cayendo, las zapas y los calcetines volvieron a estar mojados al poco rato de echar a correr.

Foto by Edu

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El segmento de trail running, al igual que el de la bici, volvía a ser bonito, entretenido, espectacular y exigente. Se inicia bajando por el clásico y estrecho sendero de las Cinco Curvas. Pongo un ritmo que no está mal y ahí vuelvo a adelantar a la última chica que dejé atrás con la bici. Hice una transición tan lenta que me adelantó en la propia T2. Ya no volvería a encontrar a ningún otro participante durante todo el recorrido. En lugar de ir buscando la Silleta del Moro, se toma el desvío a la izquierda para ascender en fuerte pendiente hasta la zona del Aljibe de la Lluvia y el área recreativa que hay allí. Tras ese breve respiro se inicia un importante descenso por el cortafuegos que hay bajo el mirador que apunta al Albaycin, cuyo piso está totalmente roto y suelto. Zigzagueando se va buscando el Camino de la Fuente del Avellano, con el que se conecta tras salvar un gran escalón de dos metros por el que hay que arrastrar el culo.

Perfil TRI Xterra.2014_RunEs el km5 y se ha descendido al punto más bajo del recorrido. Ahora tocan 6km todo de subida, salvando un desnivel acumulado de unos 450m hasta meta. Se afronta la exigente subida por la Cuesta de los Chinos, junto a las murallas de la Alhambra. Con el cansancio acumulado, y dado que trotando no mejoraba la velocidad, opté por hacer caminando el tramo de escalones empedrados y mojados, donde además las zapas resbalaban al hacer la impulsión. Ese camino junto a las murallas del monumento es encantador, pero bajo la lluvia y con el cansancio acumulado se hace difícil disfrutar de las vistas. Al paso por las puerta de acceso a la Alhambra y la zona de parking, un ejército de voluntarios nos va guiando por los distintos recodos, mientras que los turistas se sorprenden al ver a esos locos atletas vestidos de semejante guisa y corriendo bajo la lluvia. Y es increíble como los voluntarios y miembros de Protección Civil, apostados por la organización en cada esquina, aguantaban estoicamente el chaparrón de agua, calados hasta los huesos igual que nosotros pero sin moverse del sitio. Y además dando ánimos. Mi agradecimiento, reconocimiento y gratitud para todos ellos.

El suelo comienza a embarrarse y algunos tramos tienen más pendiente que otros, así que el running se me va haciendo más cuesta arriba si cabe, valga la redundancia. Pero se sobrelleva bien con el ritmo adecuado y sobre todo con la certeza de que los kilómetros van pasando y el final se acerca. Por el sendero del Canal de los Franceses, justo antes de llegar a los puentecillos, abandono la soledad que arrastro durante todo el recorrido trail running y observo a poca distancia a los participantes que me preceden, a los que he ido recortando tiempo en este segmento. La visión es espectacular: ahí de frente, la silueta de cinco runners recortada a contraluz contra el cielo gris, subiendo con dificultad por el cortafuegos de violenta pendiente. Puf, menuda foto se ha perdido ahí. Aunque quedará en mi retina.

Cuando al poco llego yo al cortafuegos compruebo por qué ellos iban caminando: cuesta subirlo incluso andando, así que subirlo trotando, tras la paliza acumulada, solo está al alcance de los fuera de serie. Que haberlos haylos. Terminada la temible pendiente se afronta el último kilómetro en falso llano; retomo las zancadas y, aunque no voy a demasiada velocidad, el pulso se me dispara fuera de órbita: el pulsómetro registra 196ppm, cuando mi límite está en unas 182-184ppm. Y nos es que se haya vuelto loco, pues ha funcionado correctamente durante toda la prueba. Es señal de que el esfuerzo desplegado ha sido importante. Finalizo el trail running, de 11,2km, en 1:17:50, en posición 53 de 73. Satisfecho también en este segmento y realmente cansado.

Foto de Global-Tempo

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Entro en meta sorteando el barro; allí ya solo quedan voluntarios, miembros de la organización, un fotógrafo y poco más. La que estaba cayendo de agua era buena; todo el mundo allí destinado estaba empapado pero aguantando al pie del cañón. Un chico me pone la medalla de finisher, otro me da una sentida enhorabuena. El crono ha marcado 4:43:31, y más tarde sabré que me he clasificado en posición 63 de 73 que finalizan. La pena es que no hubo ocasión de disfrutar de lo conseguido, de ese valioso título de finisher Xterra. Con el cuerpo entero mojado, el cielo descargando agua y las suelas de las zapas acumulando el barro arcilloso que hizo acto de presencia con la copiosa lluvia, el cuerpo serrano comienza a enfriarse rápidamente, de modo que antes de que pudiera terminar el bocata de Cristóbal Master Chef, que estaba allí liado en zafarrancho de combate, la tiritera ya era imparable a pesar de la ropa que había rescatado y que al poco también estaba ya mojada. Cada cual protegiéndose de las inclemencias como podía, hubo desbandada general y yo inicié la bajada del Llano en bici, con todos los pertrechos a cuestas, hasta el coche que había dejado en el parking de la Alhambra esa mañana. Fue una bajada interminable, sin cesar de tiritar. Mientras bajaba me encontré con una triatleta que había equivocado el camino, y a Javi nuevamente en otro punto de paso, bajo la lluvia. Un final épico que deslució la llegada a meta. Aunque podía haber sido mucho peor, si el agua hubiese caído un día antes. Lo paradójico es que a partir de las 16:00h o así ya dejó de llover, y no lo volvió a hacer en los días sucesivos.

Foto de Global-Tempo

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Ciertamente la organización ha estado muy currada, en un evento que no era fácil de poner en pie. Por supuesto con aspectos a mejorar, propios de una primera edición, pero son merecedores de la enhorabuena. Con unos recorridos bien trabajados, bien señalizados y con mucho personal en multitud de cruces, giros y desvíos. Los voluntarios y miembros de Protección Civil muy atentos y esforzados, además de amables y cariñosos ofreciendo sus constantes ánimos. Hay que agradecer nuevamente a todos el gran esfuerzo realizado para que todo saliera bien. Y cómo no, agradecer a los compis y amigos los ánimos recibidos y las fotos que me hicieron, que ilustran esta crónica.

Toda la información de la prueba en la web de Global-Tempo y en la web de Xterra Reino de Granada. Y nuestros perfiles en RRSS de Training, Health & Fun Club @thf_club.

Foto de Global-Tempo

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